CONÓCEME
Permíteme presentarme, soy Sandra Rawson, soy colombiana, tengo 46 años, graduada de periodismo y comunicación social en Colombia, profesión que ejercí en radio, prensa, televisión y asesorando empresas.
En mi ejercicio profesional siempre detecte empatía, ese anhelo por servir al otro y con mi paso por el mundo hacer de este lugar algo mejor desde el aporte que yo pudiera hacer.
Aunque amaba mi profesión, me sentí más encaminada por el deseo de servir en una línea más directa, y fue ahí donde conocí el coaching. Aunque por aquellos tiempos no tuve el dinero para realizar una certificación, eso siempre permaneció silente en mi corazón.
Luego a mi vida llegaron circunstancia que me llamaban a un cambio profundo y a transformarlo todo y eso incluyó irme de Colombia y venir a Estados Unidos. Como dice el dicho, quemando mis barcas, para verme obligada a la acción de conquistar la isla porque ya no había retorno. Estaba decidido.
Hoy soy residente de este hermoso país, tengo un matrimonio feliz y una hija de 23 años estudiando en Colombia, nuestro país de origen. He vivido experiencias maravillosas, llenas de lujo y esplendor, sobre todo cuando llegué y me encontré con tantos contrastes, estaciones, moda y diversidad, culturalmente hablando, como tan distinto en sus reglas y regulaciones de vida en general.
Llegar aquí me desafió en todo lo que creía de la vida, lo que conocía, lo que pensaba que merecía y cómo yo entendía que debía ser todo.
Eso me desestabilizó. Descontroló todo mi mundo. Rompió mis paradigmas. Entré en crisis… los ataques de pánico y pensamientos suicidas estaban a la orden de mi nueva realidad.
Lloré mucho, incluso pasaba días con la mente en blanco y sin deseos de bañarme y arreglarme. Estaba en cero motivaciones.
Yo me preguntaba, ¿por qué a mí?, ¿por qué precisamente ahora?, ¿qué hice para merecer esto? Y la verdad es que no encontré respuesta alguna estos interrogantes.
Fui lleva a la clínica un día en una parálisis de mi cuerpo y ahí fui diagnosticada con depresión. Estuve supervisada, tuve apoyo profesional. Y sabes, a mí no me ayudó para nada saber que tenía una depresión diagnosticada… no me llenó, no me dio una hoja de ruta, ni mucho menos un apoyo que me iluminara el camino para atravesarlo con fe.
Pasaron días en blanco, días en que no tengo memoria de lo que paso… días que no viví en consciencia, días que pasaron sin mí a bordo de mi misma…
Tenía instantes breves en tiempo donde tenía algo de energía, los que aprovechaba para hacer algo para mí y por mí, y así no sentir la vida tan desestructurada. Bañarme, maquillarme, vestirme, hablar con alguien, ponerme las botas, el abrigo, la bufando y guantes…
Todo era un reto que demandaba una energía que no tenía. Había días que sentía que este era mi fin… que yo no tenía la fuerza para sobrevalorar esta situación… incluso contemplaba que vivir así no tenía sentido.
Hasta que tuve una revelación: recibí un mensaje.
En una conferencia que asistí online, el orador (que no me conocía), habló puntualmente sobre un caso hipotético y que tenía todo que ver conmigo y mi situación y lanzó estas frases:
«Nada es por ti, no es un castigo, ni coloques ninguna etiqueta humana a este proceso…», «A través de ti y de lo que haré contigo, muchas personas serás tocadas con tu historia de cambio y transformación», » Inspirarás y crearás un legado que transforme las vidas de las personas, desde esta experiencia que hoy rechazas», » Tu historia tendrá un poder que hoy no logras dimensionar, sólo ríndete y confía», «Tengo algo mucho mejor, tanto que no lo logras ver hoy, pero te prometo que sobrepasaré tus expectativas»…
